sábado, 24 de mayo de 2008

Bocagrande

Un barrio de Cartagena con todo lo necesario para vivir en un paraíso terrenal. Sol, playa, sasón, gente única como aquellas palenqueras que pasan un día expuestas al sol, al calor y al dolor de cuello sólo para vendernos esas deliciosas ensaladas de frutas, o aquellos vendedores de "aguita e' coco" y helados que caminan durante horas para refrescarnos, como aquellos vendedores de accesorios realizados con piedras sacadas de las riquezas de nuestras playas, o los famosos champeteros" y "vallenateros" que caminan con un acordeón y un tambor en las manos o esas mujeres que aprendieron del arte de hacer las trencitas que tantote gustan a los turistas, o como esas masajistas que soban y soban, buscando así una manera de ganarse la vida. Cada una de estas personas nos muestra el arte y la cultura cartagenera. Cada una de estas personas completa el paisaje de los atardeceres reflejados en el mar de la heróica.

Mariamulata




En la imagen: Escrultura hecha en plastilina



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Grau es un experto en las mariamulatas, él decía que vivía todo el tiempo con ellas, viéndolas por doquier en las calles de Cartagena. Es una de las primeras obras de arte de este artista en las que tiene en cuenta a un solo un animal, ya no como personaje secundario sino como protagonista. La primera vez que intento hacer esta escultura la hizo en plastilina; hoy en día, Cartagena tiene el placer de tener este símbolo tan representativo para nuestra ciudad, hecha con hierro. Fue inaugurada el 30 de Agosto de 1997. Está en la glorieta que conduce la vía al mar. Este ave representa la fauna típica de la costa colombiana. Aunque en Cali y en Valledupar también se encuentran las Mariamulatas de Grau, la hermosa escultura que se encuentra en Cartagena tiene un valor adicional: está en el lugar donde nació su creador, este gran artista dejó en ella su corazón Cartagenero.

Dicen que es difícil que quién no sabe de dónde viene sepa para dónde va. El futuro es la consecuencia de lo que sucedió antes. Si pienso en lo que yo misma soy, tengo que mirar el pasado y necesariamente llenarme de inquietudes. ¿Qué sería de mí si hubiera nacido en otro lugar?,ó, sí el lugar donde nací hubiera tenido otras características, o si lo sucedido en otros siglos hubiera sido diferente? Pensar en esto me ayuda a ver las cosas de otro modo; en un mundo en el que los avances tecnológicos han sido llevados a los extremos, en el que gracias a la influencia de la televisión y los otros medios de comunicación, nos olvidamos de hacer preguntas, y nos parecemos cada vez más a las personas de otros lugares, olvidando lo que nos hace ser diferentes y especiales, en un mundo que discrimina al que no tiene plata o poder, vale la pena preguntarse, qué sangre nos corre por las venas. Como latinoamericanos, en nuestras venas corre sangre indígena, española y negra, y, a pesar de las grandes diferencias que tenemos con españoles, indígenas y negros, no podemos negar que algo de su raza aún está presente.
No podemos olvidar que en algún momento de la historia de América, los negros fueron esclavos, que los indígenas se dejaron someter, y que los españoles se sintieron con un derecho superior. Y no podemos olvidarlo porque hoy somos la consecuencia de ese encuentro: aún hoy, en ocasiones, los latinoamericanos, los colombianos, los cartageneros, nos sentimos inferiores frente a unas razas y superiores a otras, como si nuestra memoria se empeñara en no recordar que los grandes valores que nos dejaron cada una de ellas: el amor del Dios cristiano, el respeto de los indígenas por la naturaleza, la fidelidad, en la distancia, de los negros hacia sus valores culturales. El día que decidamos mirar atrás, y saber un poco más sobre las características de nuestra historia y de las personas que la hicieron, ese día, con seguridad, veremos el gran valor que tiene ser hijos de tres mundos.